Una estación de investigación en el fondo del océano, seis horas de sonido lento y la única pista del calendario donde el techo es agua.
EL SITIO
Se baja en ascensor —dos minutos reales, sin atajo— y se sale a una sala circular con el casco de cristal por techo. Por encima pasa la fauna de la región, que lleva scripts propios y a veces tapa la luz.
LA VELADA
23:00 — 00:30
Descompresión. Ambient y drone a volumen bajo mientras se llena la sala. Nadie baila esta hora y no pasa nada.
00:30 — 03:00
Dub techno lento, que es a lo que suena este sitio desde que abrió. Sin invitados anunciados.
03:00 — 05:00
Cierre. Las luces interiores se apagan y queda la iluminación del propio océano, que a esta profundidad es azul muy oscuro y poco más.
ANTES DE BAJAR
- Sin código de vestimenta: aquí nadie se ve bien y ese es el punto
- El ascensor tiene aforo de doce; si está lleno, se espera arriba
- Desactivar el vuelo dentro de la cúpula, que rompe la sensación y además se ve fatal
Seis horas de música lenta a trescientos metros no son para todo el mundo. La sala se queda en cuarenta personas y lleva dos años sin intentar ser más.
Entrada libre. El ascensor deja de bajar a las cuatro.